Del Quijote a Oriente: así fue la travesía de Ciudad Don Bosco en la Fiesta del Libro
Durante cinco días, alrededor de 1.200 personas pasaron por la carpa de Ciudad Don Bosco en la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín para vivir una travesía donde la literatura, la imaginación y las oportunidades se encontraron.
¿Y si Don Quijote hubiera vivido en nuestros tiempos? ¿Habría enfrentado a los gigantes con una espada o con un TikTok? ¿Y si, en lugar de recorrer La Mancha, hubiera llegado a Corea del Sur? ¿Qué pasaría si una historia pudiera cambiar de final? ¿O si un niño, una niña, un adolescente o una familia entera pudiera convertirse en protagonista de su propia aventura?
Travesías del alma: del Quijote a Oriente
En Ciudad Don Bosco nos hicimos esas preguntas y muchas más durante la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, donde, a través de «Travesías del alma: del Quijote a Oriente», llevamos la literatura a un territorio donde todo podía pasar: Jardín Lectura Viva.
Durante cinco días, nuestra carpa JLV-15, «El barrio todo un cuento», se convirtió en un punto de encuentro para imaginar, crear, leer, escribir, actuar y, por supuesto, divertirse. Alrededor de 1.200 participantes, entre niños, niñas, adolescentes, jóvenes, adultos y familias enteras, hicieron parte de nuestros talleres. A ellos se sumaron muchas otras personas que se acercaron a conocer Ciudad Don Bosco, preguntar por nuestros programas y descubrir las historias que se construyen todos los días en nuestra obra.
Porque sí, la literatura también puede tener música, movimiento, personajes inesperados y hasta un poquito de humor paisa. La imaginación, por fortuna, no viene con límites de edad.
Del Quijote a Oriente: una travesía para imaginar sin fronteras
Nuestra propuesta nació del encuentro entre tres grandes inspiraciones: Don Quijote de la Mancha, la cultura coreana y la esencia de Ciudad Don Bosco. Tres mundos que, aunque parecen muy distintos, tienen algo en común: nos invitan a mirar la realidad de otra manera y a creer que siempre es posible emprender una nueva travesía.
En algunos talleres, los participantes conocieron criaturas del folclor coreano, como el gumiho, el zorro de nueve colas, y el dokkaebi, ese ser fantástico que habita entre lo cotidiano y lo extraordinario. Después de escuchar sus historias, llegó la pregunta inevitable: ¿cómo sería nuestra propia criatura? ¿Dónde se escondería? ¿Qué poderes tendría? ¿Qué historia nos contaría?
Así, entre dibujos, colores y mucha imaginación, los mitos coreanos se encontraron con las ideas de quienes visitaban nuestra carpa.
También hubo espacio para reinterpretar a Don Quijote desde el presente. Los participantes imaginaron cómo sería el caballero andante en nuestros días. En grupos, crearon personajes, inventaron escenas y descubrieron que acercarse a un clásico no significa repetirlo de memoria, sino encontrar nuevas formas de hacerlo propio.
Y como toda buena historia merece una oportunidad de cambiar su rumbo, otro de nuestros talleres invitó a «profanar» la literatura, en el mejor sentido de la palabra: tomar una historia conocida y atreverse a darle el final que nos dé la gana. Porque, seamos honestos, no todas las personas quedaron completamente satisfechas con el final de Don Quijote. Y la literatura también puede ser ese lugar donde nos permitimos imaginar otras posibilidades.
Cuando las historias de Ciudad Don Bosco se convierten en aventuras
Uno de los momentos más significativos de esta travesía fue el encuentro entre las historias de nuestros niños, niñas y adolescentes y la figura de Don Quijote. A través de testimonios reales, los participantes conocieron experiencias de jóvenes que han atravesado situaciones difíciles, cambios, pérdidas, desplazamientos y momentos en los que seguir adelante no siempre ha sido sencillo. Historias que hablan de desafíos, pero también de sueños, decisiones y nuevas oportunidades.
Después de escucharlas, la invitación fue convertirse en su propio Quijote: imaginarse como alguien capaz de acompañar, animar y sumarse a la aventura de enfrentar esos gigantes que, a veces, parecen demasiado grandes. La actividad terminó con la creación de cartas dirigidas a los protagonistas de esas historias. Cartas escritas desde la empatía, la imaginación y el deseo de acompañar. Porque una carta puede ser muchas cosas: un mensaje, una promesa, una forma de decir «te escuché» o, sencillamente, una manera de recordarle a alguien que no tiene que caminar solo.
De Corea a Medellín, con ritmo y creatividad
Y como la travesía también podía tener música, llegó el momento de explorar el Hallyu, la ola coreana que ha llevado la cultura de Corea del Sur a distintos rincones del mundo. La actividad permitió acercarse a la cultura coreana desde la creatividad, el trabajo en equipo y la expresión oral, demostrando que aprender sobre otra cultura también puede ser una experiencia cercana, divertida y participativa.
Leer, escribir y crear también es construir oportunidades
Más allá de cada taller, esta experiencia nos recordó algo esencial: el fomento de la lectura, la escritura y la oralidad puede ser una aventura.
Una aventura que comienza con una pregunta, continúa con una historia y termina en un dibujo, una carta, una escena, una canción o una idea que antes no existía.
En Ciudad Don Bosco creemos en metodologías que ponen a las personas en el centro, que reconocen sus capacidades y que abren espacios para expresarse, crear y participar. Por eso, durante la Fiesta del Libro, quisimos que cada visitante encontrara una manera de acercarse a la literatura, sin importar su edad, sus conocimientos previos o si alguna vez había leído Don Quijote de principio a fin.
Porque no siempre se necesita conocer toda una historia para comenzar a hacer parte de ella. A veces basta con escuchar un relato, imaginar un personaje, cambiarle el final o atreverse a escribir la primera línea.
Una travesía que continúa
La Fiesta del Libro culmina, pero las historias que nacieron en nuestra carpa siguen viajando. Viajan en los dibujos de quienes imaginaron criaturas fantásticas, en las cartas que pronto llegarán a los jóvenes de Ciudad Don Bosco, en los videos que se grabaron entre risas y personajes, en las nuevas versiones de Don Quijote y en cada persona que se fue con una pregunta, una idea o una historia por contar.
«Travesías del alma: del Quijote a Oriente» fue una invitación a descubrir que la literatura no está encerrada en los libros. También vive en las conversaciones, en el juego, en la música, en la imaginación y en la posibilidad de encontrarnos con otros. Y si algo nos dejó esta experiencia es la certeza de que las grandes historias también se escriben en Ciudad Don Bosco.
A veces comienzan con un caballero andante.
A veces, con un zorro de nueve colas.
A veces, con una carta.
Y otras, con un hombre que sueña con entregar oportunidades a los más vulnerables.
Lo importante es que, cuando encontramos un espacio para imaginar, siempre hay una nueva travesía por comenzar.
Cinco días. Alrededor de 1.200 participantes. Cientos de historias, dibujos, cartas, personajes y nuevas formas de mirar la literatura.
En Ciudad Don Bosco seguimos creyendo que leer, escribir, crear y soñar también son maneras de construir oportunidades. Y esta vez, la travesía nos llevó del Quijote a Oriente, con una parada muy especial en Medellín.