2 min de lectura

Cuando el reconstruir también es abrir caminos para volver a sonreír

Después de un sismo, uno de los pasos a seguir es calcular los daños estructurales: paredes agrietadas, techos afectados, espacios que dejan de ser seguros. Pero hay otras fracturas, menos visibles, que interrumpen la vida cotidiana de las comunidades y obligan a detener aquello que parecía tan sencillo como entrar cada mañana a un salón de clases.

Por eso, mientras diferentes territorios continúan avanzando en las labores de recuperación tras el pasado sismo, en Ciudad Don Bosco decidimos sumarnos a esta tarea desde aquello que mejor sabemos hacer: poner nuestras manos al servicio de los demás.

Actualmente, el equipo de Mantenimiento de Ciudad Don Bosco se encuentra en el Colegio Salesiano de Dosquebradas, Risaralda, apoyando las labores de reconstrucción y atendiendo algunos de los daños más urgentes que dejó el movimiento telúrico en la estructura de la institución.

Su trabajo busca contribuir a la recuperación de espacios fundamentales para la comunidad educativa, permitiendo que las condiciones necesarias para el regreso a clases puedan restablecerse y que cientos de niños, niñas y adolescentes vuelvan a encontrarse con algo que nunca debería detenerse: su derecho a aprender, compartir, sonreír y construir sueños.

Porque reconstruir una institución educativa no consiste únicamente en reparar una pared, revisar una cubierta o intervenir una estructura. También significa ayudar a recuperar la tranquilidad de una comunidad, devolverles vida a los espacios donde cada día se construyen amistades, conocimientos y proyectos de futuro.

En medio de herramientas, materiales y jornadas de trabajo, nuestro equipo de Mantenimiento lleva consigo algo más que conocimientos técnicos. Lleva el compromiso salesiano de estar presentes donde se necesita una mano, una solución y, sobre todo, una oportunidad para volver a empezar.

Hoy, en Dosquebradas, cada reparación es también una forma de decirle a cientos de estudiantes que sus aulas los esperan.

Y mientras poco a poco los espacios vuelven a levantarse, también se reconstruye algo profundamente valioso: la posibilidad de regresar, educar y seguir viviendo.

Porque cuando nos unimos, no solo se reconstruye lo que el sismo afectó, también vuelve a ponerse en pie la esperanza.